Tras una nueva vida…. breve adelanto.

   Lo prometido es deuda. Sé que he estado últimamente muy desaparecida, pero para compensaros os traigo un breve adelanto del primer capítulo de “Tras una nueva vida”. Continuamos con las aventuras de Yamileth. ¿Qué le deparará el futuro en esta nueva etapa de su vida?

  Un libro con el que espero volver a enamoraros para que tanto jóvenes como adultos puedan disfrutar de una historia llena de valores y cariño.

   ¿Volverá Yamileth a reencontrarse con sus amigos? ¿Cómo será la vida en el internado tras su marcha? ¿Qué pasará con Greta y Moncada, dejarán a un lado el pasado? Todas esas preguntas y muchas otras más quedarán resueltas en “Tras una nueva vida”, pero mientras llega su publicación aquí os dejo un fragmento del primer capítulo. Espero que os guste. 

Primer capítulo : Un duro comienzo

   Las primeras cuarenta y ocho horas fuera del internado le bastaron para darse cuenta de que el mundo no era un lugar seguro para una muchacha como ella. Su primer día lo había afrontado con fortaleza y positivismo, amaneció con la sensación de que todo iría bien y ella acabaría por encontrar su lugar en el mundo, pero pronto se percató de que no sería tan sencillo. Visitó posadas, mesones, casas de familia, el mercado… para terminar recibiendo la misma respuesta en todos los sitios, «no necesitamos a nadie nuevo», mientras la miraban con extrañeza. Parecía que nadie confiaba en una muchacha mestiza acompañada por un lobo. Consiguió algo de comida ayudando en unos establos, pero necesitaba algo más estable.

   Por fin decidió que lo mejor era mantener a Lobo oculto mientras preguntaba; de ese modo consiguió trabajo en una taberna a las afueras del pueblo. El sueldo era bajo y el trabajo duro, pero le aseguraban un techo para dormir y tres comidas al día. Después de dos noches durmiendo al campo raso y comiendo de las migajas de otros… con eso le bastó para sentirse contenta. Su trabajo consistía en atender las mesas de los clientes, servirles la comida, cuidar de sus caballos  y mantener el lugar lo más limpio posible, algo casi imposible teniendo en cuenta el estado tan deplorable del lugar. La posada era un viejo edificio de dos plantas construido parte en piedra y parte en madera, las puertas estaban vencidas y las ventanas se las comía la carcoma. El suelo del comedor parecía no haberse limpiado en años y  la cocina era mejor ni mirarla. Montones de cacerolas negras se acumulaban en el suelo, de donde se cogían directamente y se colocaban sobre el fogón, sin ni siquiera comprobar si algún insecto había caído en su interior. Cuando Yamileth se atrevió a advertir a la cocinera sobre ese peligro esta se limitó a contestar:

—Entonces el caldo tendrá más carne. —Sonrió de forma irónica a Yamileth mostrando todos sus dientes picados y le dio la espalda ignorándola.

   Cómo extrañaba la comida de Mari y los postres de Greta; si ellas hubieran visto aquella cocina, sin lugar a dudas habrían salido huyendo. De todo lo horrible que la rodeaba lo peor del lugar era su olor, no sabía que le causaba mas náuseas, si el olor añejo que desprendían las paredes o el pestilente hedor de sus clientes, todos ellos hombretones grandes de malos modales y dudosa reputación. A pesar de todo Yamileth estaba resuelta a aguantar allí el tiempo que hiciera falta. Era lo mejor que había encontrado y tenía que mantenerlo, poco imaginaba ella lo rápido que cambiarían sus circunstancias. Solo llevaba trabajando un día cuando, tras oir el escándalo de unas risas y  voces, la curiosidad la empujó a salir al exterior . Se tuvo que llevar  la mano a la boca para no soltar un grito. Lobo se encontraba rodeado por una panda de hombres que se divertían amenazándolo con palos y espadas, mientras el animal mostraba sus colmillos furioso.  Sin pensarlo dos veces corrió hacia su amigo gritando:

   —¡Basta, basta ya! Dejadle en paz.

    Intentó abrirse paso entre los hombres empujando sus enormes cuerpos con todas sus fuerzas, debía llegar hasta Lobo antes de que le hicieran daño. Se colocó delante del animal y abrió sus manos para protegerlo tras ella.

   —¡Dejadlo tranquilo! Es solo un animal indefenso, no ha hecho mal a nadie.

   Cuando los hombres vieron a la insignificante  muchacha ante ellos rieron divertidos como si ella formara parte de un espectáculo.

   —Mirad muchachos, alguien más vino a entretenernos —dijo el hombre que blandía la espada.

   Yamileth miró a los hombres que la rodeaban y se sintió minúscula. Todos le doblaban en altura y fuerza, no sabía cómo lograría salir de aquel embrollo, pero mientras ella pudiera impedirlo no iba a permitir que nadie tocara un simple pelo de Lobo. El hombre de la espada se acercó a ella, metió su espada en el cinturón y la miró con descaro.

   —Y dime, muchacha. ¿Cómo vas a proteger a tu amiguito tú sola?

   Sintió su aliento y el terrible aroma que desprendía al hablar, el corazón comenzó a latirle con más fuerza mientras escuchaba las burlas de los hombres, solo necesitó tres segundos para poner en claro sus ideas, y su instinto de supervivencia hizo el resto. Con un rápido y hábil movimiento despojó al hombre de su espada y antes de que este pudiera reaccionar, se encontró con la afilada punta punzándole el cuello. Yamileth le lanzó una mirada desafiante para dejarle claro que no estaba bromeando.

   —Así es como pienso protegerlo, ahora ¡alejaos de él! —gritó.

   El hombre retrocedió unos pasos, pero ninguno estaba dispuesto a dejarse intimidar por una simple muchacha aunque blandiera una espada. Uno de los hombres intentó sorprenderla por la espalda con un palo, pero el gruñido de Lobo la alertó y volviéndose de inmediato, y en solo un par de movimientos con la espada, logró despojarlo de su arma y rasgar su camisa como advertencia. Se mantuvo con el arma en alto y girando junto a Lobo para mantenerlos a raya. Todo aquel que intentaba acercarse un paso se encontraba con la rápida espada de Yamileth o con los fieros colmillos  de Lobo.

   —¡Alejaos! ¡Dejad al animal tranquilo! O la próxima vez no será solo ropa lo que mi espada rasgue —amenazó.

   —Maldita muchacha, ¡vámonos de aquí! —Miró a Yamileth con fuego en los ojos y la amenazó con el dedo—. Esto no quedara así, vigila bien a tu mascota, no sea que pronto la veas convertida en abrigo.

   Los hombres se fueron alejando mientras lanzaban toda clase de improperios contra la muchacha. Yamileth mantenía su espada en alto en posición de ataque, no bajó la guardia hasta asegurarse de que los hombres se habían alejado lo suficiente. Al verse sola por fin las piernas comenzaron a temblarle, se agachó para abrazar a Lobo y tratar de recuperar la tranquilidad perdida.

   —Nadie nos  hará daño, amigo mío, mientras nos tengamos el uno al otro todo irá bien.

   Lobo comenzó a lamerle la cara, feliz de tener junto a él a su salvadora.

   Desgraciadamente el dueño de la taberna no recibió con agrado la noticia del enfrentamiento de la muchacha con algunos de sus clientes habituales, quienes se   habían quejado ante él. Enojado por el revuelo que había montado para proteger a un simple animal, la puso de patitas en la calle sin ningún miramiento.

   Sola y sin rumbo emprendió su camino junto a Lobo quien la seguía como un perrito fiel. Miles de pensamientos la atormentaban, no sabía que sería de ella a partir de ahora, comenzó a pensar que no servía para nada, que en ningún lugar encajaba. En dos días había logrado encontrar un trabajo que sólo le duró unas cuantas horas y del que solo recibió un trozo de pan rancio y una sopa oscura de origen dudoso. Desconsolada y con hambre cayó al suelo polvoriento y cedió a las lágrimas. No supó cuánto tiempo se llevó así pues ni siquiera escuchó el carro que paró junto a ella, y solo la voz que le habló la hizo salir de su ensimismamiento. Levantó su rostro y vio a un hombre de aspecto bonachón, debía rondar los cuarenta años, era corpulento y sus ropas denotaban su origen humilde.

   —¿Se encuentra bien, señorita? —volvió a preguntar.

   Yamileth miró al hombre y con el rostro compungido por las lágrimas meneó la cabeza, no consiguió pronunciar ni una sola palabra.

   El hombre preocupado quiso acercarse a ella, pero en su primer movimiento se encontró frente a frente con los colmillos de Lobo que le gruñía de forma amenazadora. Asustado dio un paso hacia atrás mientras veía con sorpresa como Yamileth tranquilizaba al animal y con unas simples palabras lo transformaba en un perro guardián. Lobo escondió sus colmillos pero no se movió de enfrente de ella.

   —Tranquilo, es muy bueno, lo que le pasa es que se preocupa por mí y no se fía de los desconocidos.

   —Sí, ya veo —respondió manteniendo las distancias.

   Se quedaron unos segundos en silencio, después del susto Yamileth pensó que el hombre simplemente volvería a subir a su carro y se alejaría de ellos lo más rápido posible, pero para su sorpresa el hombre continuó hablando con ella.

   —Debe sentirse privilegiada por tener un amigo tan fiel —sonrió—, si necesita que los lleve a algún lugar, tengo sitio para los dos en mi carro.

   —No tenemos sitio a dónde ir —suspiró al tiempo que se secaba las mejillas aun húmedas por las lagrimas—. Estamos sin casa y sin trabajo. Así que gracias por su ofrecimiento, pero seguiremos a pie hasta donde nos lleve el camino.

   —El pueblo más cercano está a kilómetros de aquí.

   —No importa, no tenemos prisa, nadie nos espera —contestó con voz cansada.

   En ese momento su estómago rugió de forma sonora, y sonrojada agachó la cabeza, su cuerpo la ponía en evidencia, pero era normal, no había comido nada desde el desayuno y pronto anochecería. El hombre la miró pensativo como si en su interior estuviera debatiendo cuál era la forma más apropiada de proceder.

   —Si lo que buscá es un trabajo yo la puedo ayudar

   Yamileth levantó su rostro y lo miró.

   —Mi esposa y yo tenemos una posada, siempre la hemos llevado los dos solos sin dificultad, pero los clientes están aumentando y hace dos meses nació nuestro primer hijo, así que nos vendría muy bien algo de ayuda. No podré pagaros mucho pero tendréis un lugar seguro donde vivir y comida asegurada cada día.

   Yamileth lo observó por un momento, sus palabras parecían sinceras y sus ojos amigables. En el tiempo que llevaba sola había aprendido que el mundo era un lugar peligroso, pero en su interior sentía que podía confiar en aquel hombre y, si se equivocaba, siempre tendría a Lobo para protegerla. Sin dudarlo más aceptó su invitación y subió al carro; las maderas crujieron nada más poner un pie sobre ellas, estaba tan viejo que pensó que se vendría abajo de un momento a otro. Se sentó junto a su nuevo jefe y acomodó a Lobo en la parte trasera junto al heno que cargaba. Conversaron amigablemente durante todo el camino. Yamileth no desveló en ningún momento su lugar de origen ni los motivos por los que se encontraba vagando sola por los caminos con un lobo como única compañía. Se limitó a explicarle que era huérfana y hacía un par de días la habían despedido de su trabajo, no deseaba dar más detalles sobre su pasado y  para su tranquilidad el hombre pareció conformarse con su explicación.

   CONTINUARA…..

   Este es solo un pequeño fragmento del primer capítulo, un dulce para ir abriendo boca. Deseo y espero que el resto del libro os guste. Y si os apetece contadme que os ha parecido este comienzo para las nuevas aventuras de Yamileth.

Feliz día a todos.
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5 respuestas a “Tras una nueva vida…. breve adelanto.

  1. Desde que terminé Tras el sueño de la princesa he necesitada saber como terminará la historia de esa valiente niña que se me ha robado el corazón. Gracias por este pequeño adelanto, me ha encantado y hay muchas ganas de leerlo.

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