Cuentos de Yamileth: Legado Pirata

Yamileth y sus amigos disfrutan inventado historias que contar los días de lluvia y mal tiempo. En la tranquilidad de su lugar secreto crean nuevas aventuras con personajes inolvidables, como por ejemplo  la historia de Alberto y Amalia en el relato de Legado Pirata. Un cuento inventado por Yamileth para el entretenimiento de sus amigos.¿Aún no lo conoces? No te pierdas esta historia extraída del libro Tras el sueño de la princesa 20181112_114232.jpg

Legado pirata:

«Existió una vez, en un pequeño pueblo de pescadores, una mujer que criaba a su hijo con el mayor esmero mientras su marido siempre embarcado se encontraba. Mercader le habían dicho a su hijo que era, para ocultar la gran verdad de que se trataba de un famoso pirata. Surcando los siete mares dieron con un tesoro mayor del que ningún hombre soñó. Pensando cómo repartirlo dio una parte a la tripulación y otra parte mayor para sus dos hombres de confianza, sus dos amigos, con los que hizo un pacto secreto. No desvelarían el lugar del tesoro a nadie, y para ocultarlo mandaron hacer tres medallones ingeniosamente fabricados para que, solo uniendo los tres, se lograra saber el lugar exacto del tesoro. No dijeron ni una sola palabra al resto de la tripulación, a la cual despidieron nada más llegar al puerto para no levantar sospechas, y allí también se despidieron los tres amigos consiguiendo cada uno un barco y tripulación propia para seguir con la piratería. Se separaron pensando que así el tesoro estaría más seguro, pero no hay nada que pueda mantenerse en total secreto.

   Pasando los años le llegó la noticia del tesoro a un hombre poderoso quien puso todo su empeño en conseguir los tres medallones. Nuestro pirata, ya mayor, se había retirado y vivía apaciblemente junto a su hijo, su nuera y su inquieto nieto. Su esposa al morir le había contado a su hijo la verdad acerca de su trabajo, y aunque le costó digerir la noticia, acabó perdonando a su padre y ofreciéndole su casa para cuidarlo en su vejez. Era un humilde pescador, pero vivía feliz, aunque le preocupaba que su hijo, quien sentía gran afición por los barcos y el mar, pudiera seguir los pasos de su abuelo, por lo que nunca le contó la verdad sobre su pasado. Pero llegó el fatídico día en el que el hombre poderoso dio con el paradero de nuestro pirata, quien ya se encontraba muy mayor. Le contó a su hijo el secreto de los tres medallones, y cómo ya sólo faltaba el de él. Su hijo no estaba dispuesto a entregar a su padre, así que decidió llevarle el medallón a cambio de que dejara en paz a su familia. Desgraciadamente el hombre poderoso no estaba dispuesto a dejar ningún cabo suelto, así que para asegurarse de que nadie más supiera lo del tesoro mandó que lo ahorcaran y quemaran su casa. Afortunadamente nuestro viejo pirata, su nuera y su nieto lograron huir. Ahora aquel joven de 17 años era el hombre de la casa; su abuelo le contó la verdad de lo ocurrido y el joven enojado juró vengarse. Se enroló en el primer barco y se convirtió en lo que menos quería su padre, un pirata. En tres años consiguió ser de los piratas más famosos y poseía el navío más veloz de los 7 mares, al que nombró Kimá. Ya estaba listo para su venganza, llevaba tres años planeándola y ahora comenzaba la acción. Bajo un nombre falso consiguió trabajo cuidando los establos del hombre poderoso, quien en ese momento era el gobernador de toda la región. Lo tenía todo perfectamente planificado, llevaba tres años pensando cada detalle. Solo hubo un pequeño detalle que se le escapó, nunca pensó que aquel hombre pudiera tener una hija tan hermosa. La joven se llamaba Amalia, y cada día iba a los establos para montar a su yegua, a la cual adoraba».

 

   —Vaya, con lo bien que ibas ¿no me digas que vas a convertirla en una tonta historia para niñas? —la interrumpió Jacob.

   —Shss…calla. Termina de escuchar y opina después —le recriminó Yamileth antes de seguir—. ¿Por dónde iba? Ah, ya recuerdo…

   «Amalia sonreía cada día a Alberto y este le respondía con otra amable sonrisa, así comenzó lo que luego continuó con un “hola” al llegar, un “gracias”, y un “hasta mañana” al marchar. Cuando Alberto la veía se olvidaba de quién era, de su plan y de todo lo demás, no podía entender cómo alguien tan despreciable podía tener una hija tan encantadora y buena. A veces se llevaba horas mirando cómo paseaba, cómo trataba con los demás de forma amable y bondadosa. Cierto día ya no pudieron disimular más y, cuando él la ayudó a bajar del caballo, se besaron».

 

   —¡Buaf, qué asco!

   —Shh…—dijo Magda mandando a callar a Jacob.

   Yamileth prosiguió sin hacer caso a la interrupción.

 

   «Amalia se sonrojó, le dedicó una débil sonrisa y salió corriendo del establo con el corazón acelerado, pero convencida de haber besado al hombre de su vida. Los días pasaron rápidamente, aprovechaban cada segundo que tenían para verse a escondidas, hasta que, una noche la alarma la despertó, estaban atacando la hacienda… “¡Piratas!, ¿pero cómo habían conseguido entrar?”, pensó. Su padre decía con orgullo que su seguridad era infranqueable. Corrió para avisar a Alberto y asegurarse de que se pusiera a salvo.

   —¿Qué haces aquí? —le preguntó tan pronto llegó a verla.

   —Nos atacan, vine para que te pongas en un lugar a salvo.

   En ese momento se oyeron disparos y gritos a muy poca distancia de ellos.

   —Ya están aquí —dijo abrazándose a Alberto.

   —¡Escóndete, corre!, y pase lo que pase, oigas lo que oigas, no salgas, ¿entendido?

   Ella asintió y se escondió entre el heno. Alberto se quedó de pie frente a la puerta, la cual se abrió segundos después de un porrazo dejando ver a sus atacantes. Unos hombres fornidos, con largas espadas en sus manos y llenos de sangre, comenzaron a caminar hacia Alberto. Amalia pensó que se iba a desmayar, pero lo peor de todo fue cuando los escuchó hablar.

   —Capitán —dijo el más grande—, que alegría verlo.

   Los tres se saludaron amigablemente, y oyó como Alberto les daba instrucciones sobre dónde estaba el medallón.

   —¿Qué medallón? —se preguntó Amalia. Aquello no podía ser verdad, su amor era un pirata y por lo que acababa de ver lo tenía todo planeado desde el principio, la había utilizado y engañado. Ahora entendía por qué hacía tantas preguntas sobre la distribución de la casa. Se quedó unos minutos sin saber qué hacer, el descubrimiento la había paralizado, pero acabó llenándose de valor pues debía defender su casa y, con paso decidido, se dirigió a buscar a su padre

   Alberto salió triste del establo, no quería que ella se enterara así pero al ver a sus compañeros había vuelto a la realidad, él era un pirata, y tenía una misión que cumplir. Sabía cómo llegar a su objetivo perfectamente, había estudiado cada rincón de la casa. Llegó al estudio sin problemas, sus hombres habían reducido a los guardias, y al instante le trajeron al gobernador, quien profería toda clase de improperios al tiempo que forcejeaba con sus captores en un vano intento por escapar. Alberto lo esperaba sentado en la mesa con aire burlón, por fin lo tenía cara a cara. Al gobernador se le puso la cara blanca al reconocer al joven que había contratado para cuidar del establo.

   —Tú —dijo sorprendido—, ¿pero quién eres?

   Alberto se levantó y sin dejar de sonreír le contestó:

   —Soy el capitán del Kimá, nieto del famoso pirata Green e hijo de un humilde pescador al que vos asesinasteis y ahora vengo a recuperar lo que es mío.

   —No sé a qué te refieres.

   Enojado Alberto sacó su cuchillo y se lo puso en el cuello.

   —No me pongáis a prueba porque os aseguro que no tengo paciencia.

   En esos momentos sus hombres le traían a Amalia, que se movía desesperadamente tratando de escapar.

   —Bien, si no os importa vuestra vida supongo que sí os importará la de vuestra hija —dijo colocando su cuchillo en el cuello de la sorprendida Amalia.

   —Me das asco —exclamó Amalia.

   Aquello dolió a Alberto pero lo ocultó bien bajo su irónica sonrisa.

   —Suelo dar esa reacción —contestó—. Ahora gobernador, ¡devolvedme lo que es mío!, aquello que le robasteis a mi familia mediante engaño y asesinato. Pensasteis que arderíamos junto a nuestra casa, pero ya lo veis, mi abuelo siempre fue un hombre previsor y logramos escapar de vos. No sois menos pirata que yo aunque lo intentéis ocultar bajo vuestro título. —Acercó a la asustada Amalia hacia su padre y apretó la punta de su cuchillo—. Vos asesinasteis a mi padre, así que os sugiero que nos sigáis jugando con mi paciencia.

   El gobernador acabó cediendo y le dio el medallón del abuelo de Alberto.

   —No vine solo por el medallón de mi abuelo. ¡Devolvedme los tres medallones! Sé que robasteis los otros dos medallones, los que pertenecían a los amigos de mi abuelo, a quienes mandasteis a matar a sangre fría.

   —No te servirán de nada, el tesoro no es más que una leyenda. Llevo más de tres años buscándolo, ¿acaso te crees más capaz que yo de encontrarlo? —dijo el gobernador al tiempo que le extendía de mala gana los otros dos medallones.

   Alberto le contestó con una sonrisa, pero al instante volvió a poner el semblante serio y, apretando el cuchillo en el cuello de Amalia, respondió al gobernador.

   —Vos me quitasteis lo que yo más quería y destruisteis a mi familia. Debería devolveros con la misma moneda. —Miró el rostro aterrado de Amalia—. Pero no soy como vos —diciendo esto empujó a Amalia hacia el gobernador y salió huyendo de allí.

    Amalia no podía asimilar lo que pasaba, no entendía que significaban todas aquellas acusaciones contra su padre, pero viendo su reacción al preguntarle por lo ocurrido supo que las acusaciones de Alberto eran ciertas. La ambición de su padre lo llevó a matar a inocentes, como el padre de Alberto.

   El gobernador buscó un arma que tenía escondida.

   —No se saldrá con la suya —dijo apuntando por la ventana a la cabeza de Alberto. 

   Amalia reaccionó a tiempo y lo empujó haciendo que el disparo saliera al aire.

   Alberto se volvió, miró a Amalia, quien le acababa de salvar la vida, y se marchó feliz sabiendo que después de todo ella lo seguía amando. Estaba seguro que el gobernador saldría en su busca, así que se ocultaron entre las rocas de un desfiladero donde nunca los encontrarían.

   La noche siguiente, arriesgando su vida, entró en la hacienda del gobernador en busca de su amor. Amalia al verlo lo abrazó, estaba allí, había ido a verla y lo demás no importaba. Él le explico toda la historia y le pidió que huyera con él, se casarían en el próximo puerto y se esforzaría cada día por hacerla feliz. Ella aceptó y escaparon aquella misma noche. El Kimá era el navío más veloz del océano así que les fue fácil huir. Ya en su camarote, Alberto se dispuso a unir los tres medallones, sonrió en su interior pensando en el ingenio de su abuelo, quien había mandado hacer un compartimento secreto en su propio medallón, el cual solo se activaba con su anillo, ni siquiera a sus dos amigos les contó el secreto. Alberto introdujo el anillo en un grabado del medallón con forma de estrella, al girarlo, el medallón se abrió formando los pétalos de una flor. Solo dos pétalos le faltaban para tener la flor completa, lugar que ocuparon los otros dos medallones. “Ahora sí”, se dijo a sí mismo con satisfacción, ya tenía el mapa completo. Al instante subió a proa y mandó cambiar el rumbo en busca de su tesoro. Camino a su objetivo aprovecharon para parar en un pequeño pueblo pesquero, donde felizmente Alberto y Amalia se casaron.

   Tras varios días de navegación por fin llegaron a su destino, la isla donde se encontraba oculto el tesoro. Al ver el tesoro se quedaron de piedra; era mucho más oro del que nunca habrían imaginado. Alberto lo repartió a partes iguales, pues había más que de sobra para todos, le dejó su barco a uno de sus hombres de confianza y él se marchó con Amalia en busca de su madre y su abuelo. En la tranquilidad del anonimato pasaron el resto de sus días, no volvieron a saber nada del gobernador y fueron felices para siempre. Fin.»

Si te ha gustado no te pierdas el resto de las aventuras de Yamileth en Tras el sueño de la princesa. Y para todos aquellos que ya han leído el libro tengo la buena noticia de que en unos meses podremos disfrutar de su continuación en : Tras una nueva vida.

Disculpadme todos mis lectores por estar tan desaparecida, pero un nuevo trabajo de redacción y la corrección del nuevo libro consume todo mi tiempo. Espero pronto retomar el ritmo en el blog y poder publicar todos los proyecto

  Un fuerte abrazo y feliz semana a todos.

 

 

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4 respuestas a “Cuentos de Yamileth: Legado Pirata

  1. Hola,

    No he leído toda la historia, pero he pillado alguna cosa que podrías revisar:

    “llevaba pensando cada detalle. Solo hubo un pequeño detalle” (la repe de “detalle”)

    “no entendía que significaban todas aquellas acusaciones contra su padre, pero viendo su reacción al preguntarle por lo ocurrido supo que las acusaciones”

    qué significaban (qué con tilde), y tenés las repe de “acusaciones”.

    Saludos.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias por tu comentario, siempre se agradecen las sugerencias aunque discrepe en ellas, pero se lo haré notar a mi corrector para ver qué opina él ya que este fragmento forma parte de un libro publicado y vendido. Un saludo y gracias por pasar por el blog.

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